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IDENTIFICARSE

Tras dos años de trabajo inauguramos hoy la decimosexta edición del Festival de Teatro de La Habana. Desde que lo recuerdo, en los años ochenta del pasado siglo, cada edición de esta cita era, para nosotros, la entrada al teatro del mundo. Noches de revelaciones, de encuentros y desencuentros definitivos que marcaron el imaginario de generaciones.

Esta edición que se inaugura hoy tiene un tema que lo ha guiado desde su inicio: el arte de la dirección. Pensar la figura del director de escena ha permitido concebir la curaduría, las mesas teóricas, los talleres, y nos ha dejado elegir orgánicamente a quiénes rendimos homenaje: al teatro Buendía, de Cuba, por sus treinta años de permanencia, y a Peter Brook, director británico radicado en Francia, que a sus noventa años continúa siendo el metteur en scène por excelencia.

También aspiramos a una edición del Festival que observe el presente, la actualidad. ¿Qué es teatro hoy? ¿Qué es ser director ahora mismo? ¿Cuánto ha variado ese concepto, ese rol decisivo? ¿Qué permanece? ¿Qué ha caducado? El teatro cambia, parece no ser el mismo. La realidad tampoco es la misma: la velocidad, la ubicuidad, la movilidad definen paisajes que disuelven lo que teníamos por real y crean el espacio donde estrategias y lenguajes teatrales diversos luchan por nuevos relatos, mínimas verdades, otros públicos.

El Festival que inauguramos incluye espectáculos provenientes de cada continente del planeta. Demos la bienvenida y el aplauso a cada uno de ellos por estar aquí. Serán días y noches que esperamos resulten polémicos, intensos, movilizadores, que den la medida de lo que es, ahora mismo, el teatro futuro.

Carlos Celdrán

Director Artístico

16 FTH 2015

 


16 FTH 2015:

El espectáculo está a punto de empezar, rogamos apaguen sus teléfonos móviles

Cuando el espectador entra a la sala seguramente ya ha acometido las faenas “actorales” y formales que, como actor-público, le son afines: saludar a los conocidos, examinar discrecionalmente todo lo que le envuelve, disfrutar el disimulo por la expectación, el saberse bien recibido y elegido para participar en un rito para iniciados. Va a su luneta o se acomoda en el lugar que le proponen -tal vez un asiento movedizo porque asiste a una acción escénica “contemporánea”-; quizás comparta el mismo espacio de los performers.

En un escenario vacío uniformemente iluminado, espectadores y actores no hacen otra cosa que “mostrar su presencia”, como animales en acecho. Y es que, “…el teatro, no ha empezado todavía a existir…”, como dijera Antonin Artaud en El Teatro y su doble, ese manifiesto que registra su convicción de un “teatro total”.

Y es que, fundado en 1980, el Festival de Teatro de La Habana en esta, su decimosexta edición no deja de ser derivación posible al indagar en el arte escénico del siglo XX y de estas primeras décadas del XXI. Aguardo sobre las concepciones unívocas de la historia y sus axiomas de responder siempre a intereses particulares o bien, a sus restrictas capacidades descriptivas. Historia como realidad compleja en la cual diferentes intereses, valores y privilegios se confrontan para ocupar el poder. Luchas que en la esfera creativa de las prácticas y del pensamiento escénico, también han resultado inquebrantables. Artistas, movimientos, críticos, teatros, teorías, programadores, instituciones, voluntades y estrategias políticas, etc., no solo han defendido “su” modo de entender el teatro, lo teatral o lo escénico; sino también su perspectiva sobre la sociedad y la vida en general.

No obstante, cada propuesta artística y de pensamiento, integra y despliega presupuestos diversos. Ah, bendición será cuando el pensamiento creativo  nunca resulte esférico, sino que se proyecte en sus contradicciones, sus puntos de vista enfrentados y en sus formulaciones de análisis heterogéneas. De estas fisuras y divergencias depende, en gran medida, su interés, su permanencia e, incluso, sus rupturas contaminantes.

Hoy, cuando tramamos un festival sostenido en la pluralidad de vocabularios y gramáticas comportamentales de la praxis escénica, resultaría poco productivo llevar a cabo una curaduría del arte de la dirección escénica desde una perspectiva lineal, como si existiese una historia única del teatro moderno, posmoderno y contemporáneo que pudiésemos recuperar. Por ello, esta dieciséis celebración se abre al mundo de la escena a partir de sus multivocales  dinámicas y tendencias a lo largo del siglo XX y lo ya transcurrido del XXI. Valga que, en sus artificios, siga siendo la escena espacio amplificante, propositivo, intencionado y vívido de las preocupaciones de sus mujeres y hombres que, como aquel ciego proclamado por Brook, muestre el camino a otros ciegos.

El arte escénico del siglo XX se juzgó de acuerdo con el estado existente del medio; importaba el tipo de ruptura que hacía, los elementos formales e inesperados que aportaba, la manera en que desplazaba las convenciones del género o la tradición. La recompensa al final del proceso de evaluación era un sentido distinto de lo que la teatralidad podía ser, un nuevo ámbito de posibilidades para lo estético. Hoy todo eso ha cambiado definitivamente. El trasfondo frente al cual la escena se sitúa ahora, es un estado particular de la sociedad.

Como suerte de paráfrasis a Brian Holmes, lo que un performance, un karaoke escénico, un concepto o una imagen mediada pueden hacer con sus medios formales y semióticos es marcar un cambio posible o real respecto de las leyes, las costumbres, las medidas, las nociones de civilidad, los dispositivos técnicos o los organizacionales que definen cómo debemos comportarnos y cómo debemos relacionarnos unos y otros en determinado tiempo y lugar.

Lo que hoy en día buscamos (en tanto lectores-espectadores socialmente convenidos) y lo que busca la escena (en tanto acumulación y traslación en su red de información, especulación y voyerismo impertérrito), es el entendimiento como nexo rizomático, como “puesta en abismo”. ¿Qué es la puesta en visión, en sensación, en abismo, sino el despliegue vociferado de las obsesiones temáticas, discursivas, formales, conviccionales, de sus creadores?

Entonces, señoras y señores, si procuramos ensembles una manera diferente de vivir, de ponernos en relación, o sea, una oportunidad fértil de coexistencia; ahora, terminados los cuchicheos y salutaciones en la platea, (una voz indica): “por favor, dejen encendidos sus teléfonos móviles y si les llaman, contesten, mantengan la conversación que surja con total naturalidad. The show must go on: ¡seamos todos bienvenidos!”

 


                                      

 

 

 

Noel Bonilla-Chongo

Comisionado Artístico

16FTH 2015